La mujer de Potifar

Era una vida de lujo, buena comida, ropa costosa y hermosos panoramas. Estaba feliz, pero no satisfecha… ni siquiera cerca. Algo la estaba carcomiendo, en el fondo, una soledad hueca que ensombrecía todo en gris. Algo grande, algo importante le faltaba a su vida, pero ¿qué, qué era?

Su nombre era Joe

Con el paso de los años, el vacío se convirtió lentamente en un intenso anhelo en las turbias profundidades de las oscuras regiones de su alma. Hasta que un día sucedió. Era una plácida tarde de septiembre cuando cierto hombre entró en su vida. Espiándolo por casualidad a través de la celosía del salón, que se encontraba junto a su dormitorio junto al jardín de invierno, estaba sacando algo del maletero del coche de su marido en el camino de entrada, inmediatamente su corazón se aceleró y se vio impulsada a correr escaleras abajo y contemplarlo. Era un socio comercial cercano de su esposo, un hombre atractivo. Había algo en sus ojos gris perla; el corazón de toda mujer mayor de doce años lo seguiría, como un radar, tan pronto como entrara en una habitación. Su nombre era José, lo que le recordaba al más exaltado de los doce patriarcas, los doce hijos de Jacob (Israel). ~ “Y era José de hermoso semblante y bella presencia” (Génesis 39.6).

De la nada

Esto fue una locura. ¡Qué le sucedía a ella! Esta urgencia repentina de la nada la estaba aplastando por completo, consumiéndola, absorbiendo el aliento de sus pulmones. Sintió el impulso de su cuerpo de abrazarlo íntimamente, un hombre al que aún no le habían presentado formalmente. Un extraño sabor metálico pareció impregnar su lengua. Era como si cada molécula de su metabolismo gritara, como si su alma se uniera a la de él en una masa sin estrellas mientras les servía bebidas a los dos en el salón de recepción. ¿De dónde viene un deseo como este? ¿Quién puede comprender los afectos del corazón? Era más que belleza, más que atracción física, más que algo sexual. Todo su ser lo anhelaba, espíritu, alma y cuerpo; solo pensar en él le alegraba el día, le traía una sonrisa a la cara y, a veces, le sacaba una leve lágrima de los ojos. Sin embargo, de alguna manera era extraño; a veces se sentía tan abrumada, tan completamente enamorada de él, que se sentía como si estuviera siendo atraída a una dimensión diferente, como si otra vida se superpusiera a la suya.

Anhelo insaciable

Horas desesperadas se dedicaron a la meticulosa selección de la ropa, sus zapatos, qué aretes, qué colores resaltaban mejor el tono marrón verdoso pálido de sus delicados ojos enclaustrados. Hablando con él día a día de cosas mundanas, su rostro le hizo una confesión salvaje y apasionada, mientras sus labios permanecían mudos. Sí, amaba a su marido. Ya no era una niña. Como toda mujer, había amado a varios hombres a lo largo de su vida, pero esto era algo más allá del amor, más allá del enamoramiento… toda su conciencia lo ansiaba sin cesar día y noche. Estaba fuera de control, casi como algo espiritual, como si inconscientemente hubiera tomado posesión de su esencia mortal. Fue absoluto. No había vuelta atrás. Ella tenía que tenerlo. ~ “Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo. Y él no quiso” (Génesis 39.7-8).

Que es el amor

¿Quién habría soñado que en un abrir y cerrar de ojos ese amor febril y agitado podría transformarse en un odio helado incluso más feroz que la pasión deslumbrante? De cabeza, lo acusó de violación y, para fin de año, José estaba cumpliendo una sentencia de tres años de prisión. ~ “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” (1Corinthians 13.4-8).

La vanagloria de la vida

¿Qué es lo que nos lleva a tales extremos, nos sumerge en tales profundidades y destierra el corazón a un tormento tan interminable? ¿Es amor? ¿De dónde viene esta pasión inextinguible, del cielo o del infierno? Este era un hombre cuya mano ella nunca había tocado todavía, un hombre que no tenía la menor idea de lo que estaba pasando dentro de ella. ¿Qué le había hecho ella, por qué? ~ “Conforme al príncipe de la potestad del aire [Lucifer], el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia…en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no son del Padre. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer” (Efesios 2.2-3, 1Juan 2.16, Juan 8.44).

Espíritus entretenidos

¡De dónde viene esta locura, esta insaciable sed ardiente! ¿Realmente los humanos cumplen los anhelos depravados de los demonios biliosos sobre la tierra? El deseo surge del reino espiritual. Discernid vuestros deseos, y evaluaréis con precisión vuestro estado espiritual. ~ “No quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios” (1Corintios 10.20). ¿Cómo controla uno sus deseos? ¿Cómo no codicia uno a la mujer de su prójimo? ¿Puede cualquier hombre realmente hacerlo? ― Por su cuenta, no se puede hacer; sin embargo, por la obra interna del Espíritu de Dios, sí, ciertamente, se puede hacer y se hace. ~ “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5.16,17). ¿A qué espíritus entretendrás esta noche?

Éx 20:17 El último mandamiento

No codiciarás la mujer de tu prójimo (Historia basada en Génesis capítulo 39)

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© L. Jonathan Blais 2022 Todos los derechos reservados. Escritura tomada de La Santa Biblia Reina Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina 1960. Usado con permiso.

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